miércoles, 21 de septiembre de 2011

Con DIECIOCHO

Todos tienen una especial manía de pensar que los dieciocho años cambian tu vida. Cuando bien, no es cierto. Tienen la costumbre de creer su vida será mejor tras cumplir dieciocho, que se irán de casa y no tendrán que aguantar más a sus padres, que podrán salir más, que será todo diferente. Qué equivocados... Los dieciocho no son así. Quien no es adulto con diecisiete años, no va a serlo de repente al pasar su cumpleaños, quien sale por las noches hasta altas horas, lo hará de todas formas, con la mayoría de edad o no, y quien no lo hace, seguirá sin hacerlo. Quien beba, seguirá bebiendo, y más de lo mismo para quien fume, al igual que sucede al contrario. Los padres seguirán mandando, y seguirán siendo los mismos padres de siempre. Puedes votar, ir a la cárcel y sacarte el carnet. Responsabilidades, que no ventajas. Puedes entrar a los Pubs que ya entrabas, y tomar las copas que ya tomabas... Y sí, puedes emanciparte, pero casi nadie lo hace, porque os aseguro que se está muy bien en casa. Para mí los dieciocho no son nada especial. "¡Disfruta de tus dieciocho que solo se cumplen una vez!" Vaya, que casualidad, como cada año de mi vida. No hay que disfrutar de los dieciecho, o de los veintiuno, hay que disfrutar de todos, y pensar que cada uno de esos años son especiales, porque no son dos cifras lo que nos define, es lo que hemos vivido hasta llegar a ellas lo que nos hace quién somos. 

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