viernes, 16 de septiembre de 2011

Siete Años

Hace tiempo, conocí a una niña. Tenía siete años y era una niña feliz, aunque no era como todas las demás. Tenía miedos (hasta ahí, ninguna distinción), dentro de los cuales destacaba uno con mayor intensidad, EL TIEMPO. Se tumbaba en la cama por las noches, con la lamparita de su mesilla encendida, y pensaba. Era una niña como todas las demás, con la diferencia de que ella ya se había dado cuenta de lo rápido que va la vida. Entonces un nudo se le ataba en la garganta y una lagrimilla de terror le caía por la mejilla. Pensaba hasta que le dolía la cabeza. Hasta el llanto (ahogado en su silencio) hacía que se quedara dormida. Nunca le confesó esto a nadie, ni siquiera a sus padres, siempre pensó que la dirían que son bobadas y que no debía pensar en ello, así que año tras año, guardó en su interior ese temor. La he visto crecer con el mismo miedo cada día, con el mismo miedo al último día. Han pasado once años, pero supongo que eso son cosas que no desaparecen así como así. Siempre me pregunto ¿por qué tiene miedo?, siempre me pregunto ¿por qué TENGO miedo?

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